Una visita de una par de horas al mercado central de Loja da para hacerse una idea de cómo es la vida aquí, de como se mezclan las cosas, desde comprar golosinas o juguetes, a comprar ropa, comida de todo tipo, cortarse el pelo o sacarse fotos. Hay muchísimos puestos pequeñitos para comer y la variedad de frutas que puede encontrarse aquí no tiene cuento. La galería de “carnes rojas” y pescadería, más que fotografiarse o verse, merece la pena olerse. El mercado tiene un aire a la España de los 40 y 50, y muy poco que ver con el abigarramiento característico de un mercado del sudeste asiático. Hay abigarramiento, pero es de otro tipo. Al final me fui tras cortarme el pelo en una pequeña peluquería donde casi no cabían peluqueras y cliente. Muchas risas, bastante buen corte y foto final de recuerdo.

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