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Carretera y manta

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Guayaquil

Hoy he tenido que pasar 12 horas en Guayaquil haciendo tiempo para coger un vuelo a Madrid. Me he acercado a la casa de Don Edgar Calderón, ilustre pintor cuencano afincado desde siempre en esta ciudad costera. Afable e inteligente siempre tiene su casa abierta para todo el mundo. He pasado un par de maravillosas horas con este increíble artista charlando sobre arte, historia, política y la vida en general. Su balcón que da al rio Guayas es un oasis de calma y frescor en medio del bochornante barullo de Guayaquil. Iguanas y aves de humedal han sido testigos de ese rato tan provechoso. Si algún día paso por esta ciudad de nuevo, rendiré la correspondiente visita.   

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En Guayaquil

Mi día y medio en Guayaquil

Un poco más de Guayaquil

Aunque la zona de esta ciudad que he visitado es la segura y habilitada para el turismo he visto algunas cosillas un poco duras como algún niño durmiendo en la calle. No lo fotografié porque estaba dormido y no me parecía hacerlo sin su consentimiento. Pero pongo algunas otras imágenes de la ciudad. En breve un vídeo. 

         

Casas coloniales en Guayaquil

En el Parque Histórico de la ciudad de Guayaquil pueden encontrarse estas casas que antiguamente se ubicaban en el centro. Fueron desmontadas y vueltas a montar, pieza a pieza. En este parque, cuya entrada es gratuíta, se puede ver, además, una nada desdeñable muestra de flora y fauna locales. Y todo eso sin que atrone, omnipresente, en sensual ritmo de la musicorra latina. Es un remansito de paz. Bien chévere, oigan        

Llegado a Guayaquil

Decía Isaac Assimov por boca de uno de los entrañables personajes de su saga Fundación que, al aterrizar en cada planeta, podía percibir un olor particular y exclusivo del mismo. Yo creo que en cada ciudad de cada país ocurre lo mismo. Me costó hacerme porque vine completamente rodeado en el avión por una expedición de senegaleses en misión de biznez. Los tios no se habían dado una agua desde el Senegal y olían a chotuno que mareaba y se te quedaba impregnado. Al montar en el taxi para ir hacia el hotel, le pregunté a don Bueno Jesús, que así se llamaba el taxista del taxi seguro, si podía subir las ventanillas (o finestrillos en italiano) gracias a eso tuve la impresión olora que buscaba: Guayaquil huele a especias, a madera rancia y mucha contaminación. Hoy veremos qué conclusión sacamos…

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(El taller del Herrero)