No tengo demasiados adioses que dar ahora que me voy de Loja. Pero algunos hay. Hoy me he despedido de un par de personas entrañables. Una era la florista del Mercado Central. Una señora amable y cariñosa que siempre atiende con la mejor sonrisa.

La otra persona de la que me he despedido hoy era de mi querido Don Arturo. Los dos sabemos que es improbable que volvamos a vernos jamás. Me ha cortado el pelo con su característica profesionalidad y hemos charlado un rato. Me ha contado que en unos días vuela a Quito a conocer a un bisnieto. También me ha contado que se lleva bajo el brazo la humilde peliculita que le hicimos, porque quiere enseñarla con orgullo a su familia. Nos hemos sacado una foto en la que él ha posado serio. Nos hemos intercambiado direcciones. Nos hemos abrazado y nos hemos dicho adios. Hasta siempre, amigo, que la pase bien. Siempre a la orden.

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