A QUÉ HUELE CHINA

Imagen http://www.leireruizfoto.com

Decía Isaac Asimov en su saga Fundación que, cada planeta, tiene un olor particular que se percibe nada más descender de la nave espacial en la que se viaja. Un poco como el olor personal de alguien, que puede hacernos distinguirlo aún cuando no lo veamos.

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Pues eso ocurre en China. Por las mañanas, cuando me levanto tras una noche de escaso en incómodo descanso, rápidamente percibo esa peculiar huella olfativa que me habla del lugar en el que ahora vivo: China huele a humo y a sopa de sobre. A humazo de tubo de escape cansado y a caldo barato. Y la calle… la calle huele a alcantarilla y a fritanga. A pis y a caca. No hay olores ricos, no hay frescor de aire limpio. La contaminación es tan bestial que todo lo tapan esas sensaciones nefandas. Charcos de aguas estancadas, pilas de basura y conducciones públicas sospechosas de filtración componen el mapa fragante de esta abigarrada urbe de pesadilla.

Aclaración: quizá el resto de esta inmensa república huela a otra cosa. Puede ser. No tengo noticia de ello. Esta ciudad huele a todo eso. Cangzhou es un enorme vertedero.

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