LA PUERTA LO ES TODO

Me ha llamado poderosamente la atención el hecho de las puertas en este país. Al menos en esta ciudad.

Esplendorosas, poderosas, brillantes, ricamente ornamentadas. Jalonadas por columnas, coronadas por enormes y poderosos caracteres, algunas con la faz del omnipresente Mao. Robustas, sugerentes, variadas en sus formas.

Algunas de ellas son solo eso: puertas. Las he visto que detrás no tienen nada. Solo más espacio. Una puerta en medio de nada. Que no franquea el paso ni lo cierra a nada porque puede rodearse, obviarse.

Imagen http://www.leireruizfoto.com

 

Pero la gran mayoría sí que conducen a algo. Y ese algo nunca es lo que anuncian. Puertas lujosas, formidables, entreabiertas muestran patios miserables, sucios. Puertas coloridas, llamativas que dan paso a locales lamentablemente sucios, pobres.

Y los carteles. Que anuncia, que llaman, que, de alguna manera, son también puertas a algo que está detrás. Y una vez más, la decepción, la suciedad. Lo otro. Siempre te dicen esto y te dan lo otro. Así es la cosa aquí.

En todo. Si un restaurante parece un lujo, seguramente es una tasca con comida de poco fuste. Si una tienda tiene una cartel enorme o una pantalla gigantesca con brillantes animaciones, solo esconde tras su puerta un localucho donde de despachan baratijas. Los condominios con barrera y portero solo tapan más y más casas a las que nunca se les dio una mano de pintura, descuidadas, disfuncionales.

Un colegio enorme con dibujos coloridos, música en altavoces… dentro unas maestras desmotivadas, abúlicas y niños con mocos colgantes y dentaduras melladas.

Quiero creer que en China encontraré puertas que me hablen de lo que tras ellas hay, que no me muestren espejos y humo. Quiero creer que esas puertas existen, que llevan a alguna parte. Que no todo son copias, falsificaciones, que no todo es birlo birloque.

Quiero franquear esa puerta. Creo que no la encontraré en Cangzhou.

¿La veré en Luoyang?

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