AL PARQUE

Imagen http://www.leireruizfoto.com

Muy al estilo de otras repúblicas socialistas en las que el colectivo y sus colectivas manifestaciones de apoyos o detracciones son muy populares, en China podemos encontrar enormes plazas en sus ciudades, estando situada la más grande del mundo en la localidad de Dalian, que tuvimos la ocasión de visitar al principio de nuestra estancia.

Menos apreciados son los parques. Y no lo digo porque no existan estos lugares para el esparcimiento ciudadano en Cangzhou, que sí. Lo digo porque he podido observar que estos espacios son sistemáticamente maltratados por las autoridades municipales o aquellas a las que les corresponda la gestión. La floresta que, se supone, es uno de los elementales atractivos de estos lugares, presenta invariablemente un aspecto ralo, enfermizo, desprovisto de densidad, colorido y frescor. Las hojas, mustias, lacias, exhiben tonos grisáceos, pareciendo que la vida huyera por goteo de ellas. Los bancos en los que descansar los pies ahítos de tanta larga distancia son pocos y muchos de ellos están rotos, presentan un mar de escupitajos a sus pies o un chino durmiendo tendido en el mismo. Los estanques contienen aguas ponzoñosas, malolientes las más veces, con tonos verdosos y peces agonizantes que se adivinan bajo los limos que flotan. Y qué decir de la población animal: solo contratar que jamás había visto un pato flaco. Los había visto sucios, quizá tiñosos… pero ¿flacos?.

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Los parques, salvo notables y recónditas excepciones, no son refugios para el alma atribulada por tanto cemento y tubo de escape. Solo manifiestan una descorazonada falta de atención y de entusiasmo por el desahogo ciudadano.

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