FERIAS PARA LOS NIÑOS

Supongo que como triste herencia de épocas más grises en las que la economía del país no estaba para festividades, las ferias para niños que aún pueden verse en la ciudad, como la que presenciamos en la festividad del principio de otoño, son realmente espeluznantes. Con esa inenarrable capacidad que a veces muestran los chinos para convertir lo inocente y bello en s

iniestro y aterrador, las atracciones de carricoches, carruseles y similares se pueblan de malas imitaciones de personajes infantiles populares a los que, para evitar problemas de derechos de autor y poder fusilarlos descaradamente, les restan alguna de las características que los hacen adorables o les añaden alguna nueva que los hacen temibles. Osos deformes, vaqueros con pinta de ser toxicómanos, pulpos con aspecto de ser invasores del espacio o tiburones hinchable con dientes amenazadores. Para no constituir una salvedad en el tono general de la ciudad, las atracciones presentan un deficiente estado de conservación y un inexistente grado de higiene. Son viejas, sucias y dan miedo. Ser niño es un negocio duro acá, en Cangzhou.

 

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