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Carretera y manta

Algunas cosas chinas

Un poquito de aquí y un poquito de allá

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En los recreativos

Un sábado por la tarde en una megapolis china en la que no hay absolutamente nada que ver en el plano monumental o histórico. Pero con algo que celebrar. Pues hale, a los recreativos como cuando teníamos 15 años

Está China. Solo hay que buscarla

Un poco de Changzou

Hoy la contaminación nos daba un respiro (nunca mejor dicho) y nos invitaba a callejear un poco. Después de reponer fuerzas en nuestro restaurante de cabecera. La familia que lo regenta es acogedora y cercana. Da gusto

Parece que se acostumbran a mi

Paseando con Mr. Chow

Como todos los viernes, me tocaba ir de Cangzhou a Quingxian para dar clases en una guardería.

La cita con mi chófer era a las 7:40 debajo de mi apartamento. Buenas noticias: hoy venía a buscarme Mr. Chow, un afable chino de mediana edad que conoce la comarca al dedillo y que hace esfuerzos ímprobos por comunicarse en inglés con la ayuda de su teléfono móvil. Es un hombre discreto y amigable con el que me siento agusto. 

Como hasta el miércoles se celebra el congreso del partido comunista en Pekín (para mayor gloria del presidente Xi Jinping) las autopistas que nos rodean están repletas de controles policiales y, al ya habitual desbarajuste circulatorio, se añade un caos de proporciones casi bíblicas.

Pero iba con Mr. Chow: eso es garantía de pintorescos caminos comarcales, rincones rurales y paisajes que normalmente no vislumbro en mi traslado.

Lamentablemente, mi amigo Chow no contaba con un puente cortado sobre uno de esos ríos-lago que hay en la comarca y el entretenido viaje  se ha convertido en un viacrucis por pueblecitos infestados de basura y caminos sin asfaltar, dándose el momento cumbre de nuestra peripecia cuando mi amigo ha tenido que internarse en un maizal con el coche perdiéndonos del todo. Pero hallando fuerza en la debilidad y haciendo bueno el popular adagio chino de que crisis es oportunidad, hemos hecho una paradita en el sembrado que mi colega ha aprovechado para ir a aliviarse el vientre.

Al final, tras una loca carrera por carreteras en obras y desvíos obligatorios, he llegado solo una hora y cinco minutos tarde a trabajar. ¿Nuestro crono de hoy? 2 horas y 25 minutos para cubrir una distancia como de Irún a Tolosa.

Gracias Mr. Chow. Me lo he pasado genial.

Saliendo de Cangzhou. Contaminación a full
La nacional en obras. No se podía pasar
Caminos sin asfaltar. La cosa se pone intensa
El GPS nos llevaba por caminos bravíos
La cosa tenía ya una pinta…
Mr. Chow, un tipo versátil

Acoso y (casi) derribo

CANGZHOU: UN LUJO ASIÁTICO (I)

A QUÉ HUELE CHINA

Imagen http://www.leireruizfoto.com

Decía Isaac Asimov en su saga Fundación que, cada planeta, tiene un olor particular que se percibe nada más descender de la nave espacial en la que se viaja. Un poco como el olor personal de alguien, que puede hacernos distinguirlo aún cuando no lo veamos.

Imagen http://www.leireruizfoto.com

Pues eso ocurre en China. Por las mañanas, cuando me levanto tras una noche de escaso en incómodo descanso, rápidamente percibo esa peculiar huella olfativa que me habla del lugar en el que ahora vivo: China huele a humo y a sopa de sobre. A humazo de tubo de escape cansado y a caldo barato. Y la calle… la calle huele a alcantarilla y a fritanga. A pis y a caca. No hay olores ricos, no hay frescor de aire limpio. La contaminación es tan bestial que todo lo tapan esas sensaciones nefandas. Charcos de aguas estancadas, pilas de basura y conducciones públicas sospechosas de filtración componen el mapa fragante de esta abigarrada urbe de pesadilla.

Aclaración: quizá el resto de esta inmensa república huela a otra cosa. Puede ser. No tengo noticia de ello. Esta ciudad huele a todo eso. Cangzhou es un enorme vertedero.

CANGZHOU: UN LUJO ASIÁTICO (II)

CRUZAR LA CALLE

Imagen http://www.leireruizfoto.com

No es  seguro. No es fácil. Es alucinante. Tiene ese aire de juego de plataforma en el cual hay que tener un gran sentido del ritmo y de la secuencia para poder llegar al otro lado sano y salvo. El orden de las cosas nunca se manifiesta tan poderosamente en este país como en el tráfico urbano. La “pirámide alimenticia” de este peculiar ecosistema es como sigue: Los que mandan son los autobuses y los taxis. Nunca se echan atrás, siempre dominan el tráfico.

Los autobuses paran en los semáforos (poquísimos) que hay en la calle pero los taxis no. Hay que apartarse. Para indicar a los demás que serán rebasados o atropellados, tocan el claxon. Después vienen los coches. Adelantan a todos los demás por donde quieren (aquí se adelanta mucho por la derecha, incluso en las autopistas), tocan la bocina como posesos y nunca se detienen en pasos de cebra (ningún transport, repito, ninguno se detiene) ni en los semáforos. Sólo la ocasional presencia de un agente de tráfico y sus hermosas banderas llenas de caracteres chinos pueden llegar a detenerlos. Luego están las motos. En su mayoría ingenios eléctricos, estos artefactos campan por doquier, da lo mismo qué carril sea y no hacen ruido, lo que constituye un verdadero peligro para el peatón. Por la noche no encienden sus luces, doble riesgo y pueden circular por aceras y calles peatonales tranquilamente porque tienen consideración de personas con ruedas. Finalmente, en la base de esta desquiciada cadena de depredación estamos los seres humanos sin ruedas. Peatones, viandantes y otros sujetos de caza por parte de los otros seres mecánicos que pueblan la urbe. Reglas sencillas: nunca tienes preferencia. Los pasos de cebra no significan que los otros pararán. Necesitas visión de 360 o, al menos, 270 grados. Ojo y oído avizor y patitas ligeras, que viene el toro.

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Leire Ruiz Foto

Carretera y manta